¿Qué tienes en común con Yiyi, mi gato?

Te prometo que ver gatos, no es una de las cosas que vas a llevarte si sigues leyendo. 

Eso se lo dejo a IG, quien probablemente te lleve a visitar a algún que otro michi. 

Aquí no. 

Lo que voy a contarte va de algo que te pasa a ti y a mi. Tanto en tu negocio como en tu vida personal, porque al final, no puedes separarlas. No hay una forma de estar en el trabajo y otra forma completamente distinta de estar en el resto de tu vida.

Y para eso, primero voy a hablarte de Yiyi, el gato de la foto que te mira con los ojos bien abiertos. Y luego, te diré cómo hacer el tarzán (no el de la película) sino algo que te ayudará a sostenerte cuando sientas que todo es demasiado. 

Bueno. 

Yiyi es un gato MUY asustadizo. Pero de verdad, mucho. No es “ay, se asusta un poco”.

No.

Él se asusta con prácticamente todo. Y cuando digo todo… es todo.

Estoy en la ducha y abro el grifo, se asusta.

Estoy comiendo y se me cae un tenedor al suelo, se asusta. 

Un día llevé a casa una pelota de pilates. La dejé en el salón y él se quedó mirándola fijamente con ojos grandes y pupilas dilatadas.

Quieto. Tenso.

Intentando entender qué era eso.

De repente, se pegó un sprint hasta esconder su cuerpo tembloroso debajo de mi cama. En el recoveco más oscuro y pequeño que hay entre unas cajas. No sé que pasaría por su cabeza,  pero parecía que la pelota era una leona que quería cazarlo. Por no hablar de cuando enciendo la rumba…

Cuando Yiyi se asusta, él no lucha o salta a la defensiva. Directamente huye.

Se agacha, tensa el cuerpo. Y como un atleta, en postura de salida agachada, se impulsa con sus uñas para salir corriendo. No corre porque sea un cobarde, sino porque su sistema nervioso quiere protegerlo.

El pobre vive en alerta constante.

Aquí viene lo importante, lo que más puede interesarte. Lo que Yiyi hace después de su huida, es una de estas dos cosas.

Y las hace siempre.

Le mete caña al rascador ó después de salir cuidadosamente de su escondite y comprobar que la leona no era más que una ilusión, sigue corriendo un buen rato mientras lanza maullidos agudos.

Es su forma de regularse. De descargar su sistema nervioso. Mueve su cuerpo para que el estrés no se acumule en él.

Después, aquí no hay gato asustado, solo Yiyi cual rosquilla encima del sofá.

Te cuento esto, porque al igual que Yiyi, tú y yo tenemos un sistema nervioso que reacciona ante un peligro. Quizá no al ruido del tenedor golpeando el suelo. Pero sí ante al peligro de priorizarte, de ser vista, de exponerte en IG, de ser juzgada. El peligro de parar, el de no pedir ayuda o delegar porque tú puedes con todo.

Y entonces, tu cuerpo hace lo mismo. Se activa, se tensa, huye como yiyi o te paralices. Vaya, que entras en estado de alerta.

Porque ¿sabes? En tu cuerpo ocurre todo. Tu cuerpo es el escenario desde donde vives y te relacionas. Y desde mi experiencia, tanto personal como profesional, si no escuchas a tu cuerpo, si no lo sientes como hogar, irás fuera a buscar esa seguridad ya sea en el trabajo, en tu pareja, en la comida, en una cerveza después del trabajo…

En lo que sea.

Pero fuera.

Y a diferencia de Yiyi, que usa su cuerpo para descargar (y al rascador), te lo quedas dentro. Sigues. Empujas. Aguantas. Hasta no poder más.

Y cuando eso pasa, no piensas “necesito parar” porque no nos han enseñado ni a escucharnos ni a regularnos como Yiyi hace. Nos hemos alejado de nuestra naturaleza animal. 

Y quizá, lo que piensas es que el problema eres tú.

Que no eres suficiente.

Que otras si pueden.

Que vas tarde…

Sin embargo, hay una gran noticia para ti, para mí, para todas. No necesitas exigirte más, sólo escucharte y escuchar tu cuerpo. De  esto sé bastante y es lo que voy a compartirte como psicologa, terapeuta corporal y “experta “ en haberme olvidado de mí.

Pero ya, de vuelta a mi hogar, a mí. Puedo volver a escribir y a comunicar. Si antes no lo hice, no fue por falta de ganas, sino porque mi sistema nervioso no me lo permitía. Y algo que he aprendido a fuego es que no hay que forzar lo que hoy no puedes sostener.

Lo harás, a tu RITMO y cuando llegue tu momento.

Ahora es el mío. Y por eso he creado este espacio.

Deja tu e-mail y te llegarán reflexiones que te harán aterrizar en medio del ruido y a habitar tu cuerpo como un lugar seguro.

No son correos para llenar tu bandeja, serán recordatorios para volver a ti. 

Cuando te suscribas recibirás un ejercicio que te ayudará a regularte —como hace Yiyi—cada vez que todo te parezca demasiado. Te sirve tanto si eres electricista, escritora, astronauta, madre…

A ese ejercicio yo le llamo el tarzán, pero eso ya te lo cuento en el email que te envío cuando te suscribes.

Para que no termines (o sigas) como una «Yiyita» en modo supervivencia constante, te cuento más cosas que te llevarás al suscribirte:

Un abrazo,

Cristina